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Motivación - Inspiración - Fuerza de Voluntad

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Hace un tiempo publicábamos en este blog un artículo llamado "¡Empieza el día procrastinando!". En él se planteaba una estrategia aparentemente contradictoria para combatir la procrastinación en la jornada laboral: iniciarla con un instante dedicado a nuestras distracciones en lugar de con las tareas obligatorias del trabajo, para evitar un vaciado temprano de nuestra fuerza de voluntad.

Bien, ahora en este artículo proponemos finalizar también el día procrastinando las tareas. Esta propuesta, que puede parecer al principio muy poco seria, que parece invitar a la postergación indefinida y a la holgazanería, es justamente lo contrario.

Durante toda nuestra jornada laboral, disponemos de tres factores que se van dosificando a lo largo del día: la Motivación, la Fuerza de Voluntad y la Inspiración. De la conjugación de las tres dependerá en buena parte la productividad del día. Analicemos uno a uno cada uno de estos factores:

 

  • Motivación:  la motivación es lógicamente esencial para la consecución de nuestros proyectos y conseguir dejar relegada a la procrastinación. Cuando estamos desmotivados aumentan nuestras ganas de buscar ansiosamente una vía de escape, cualquier forma de zafarse de nuestras obligaciones que no consiguen motivarnos lo más mínimo. De los tres factores, la motivación es la más volátil o fluctuante durante el día. Típicamente está alta al principio, cuando tras un descanso reparador y un buen desayuno afrontamos la jornada con esperanzas en nuestros proyectos y tareas. Pero ésta es muy influenciable, y cualquier suceso por pequeño que parezca puede minar nuestra motivación (una respuesta antipática de un compañero, un error inesperado en la computadora, etc.). Debido a ésto y a que la motivación se alimenta de buenas noticias --de 'feedback' positivo-- es posible que paradójicamente casi al final del día consigamos una inyección de motivación si hemos administrado bien las tareas precedentes, y empecemos a ver sus resultados positivos entonces. Es por eso que, en el diagrama propuesto en este artículo, la motivación tiene su fase más elevada casi al final de la jornada.
  • Fuerza de voluntad: el comportamiento de este factor esencial es más simple, menos volátil. Es bien conocido por psicólogos, sociólogos y expertos en márketing que iniciamos el día cargados de fuerza de voluntad que se va desvaneciendo progresivamente a medida que nuestra mente se va fatigando fruto del estrés y el cansancio de tomar decisiones durante todo el día. Algunos experimentos clínicos (Baumeister, 2009) parecen demostrar que esta fuerza de voluntad se puede restablecer temporalmente tras un aporte de glucosa en sangre, es decir, tras comer algo o tomar una bebida azucarada. Aún así, al final de la jornada nuestra fuerza de voluntad está exhausta y es por eso que hay que evitar tomar decisiones relevantes o de responsabilidad en esa hora del día, ya que la probabilidad de elegir una mala opción es más elevada.
  • Inspiración: de una forma similar a la forma física, la inspiración o creatividad se encuentra mejor en la tarde que en la mañana, o incluso en horario vespertino. Es frecuente que las personas que tienen un trabajo eminentemente creativo (diseño, escritura, arquitectura, etc.) tengan sus momentos de trabajo más intensos al final de la tarde o durante la noche. 
Teniendo esto en cuenta, he aquí un diagrama que propone un ejemplo sobre cómo prorratear nuestras tareas durante un horario laboral típico, cotejado con la intensidad de estas tres variables: Motivación, Fuerza de Voluntad e Inspiración. Así por ejemplo se puede iniciar el día procrastinando durante un breve tiempo, lo cual afianzará nuestra motivación y calmará brevemente nuestra "necesidad" de evitar las tareas perentorias.
 
 
Puedes descargar este diagrama en formato PDF aquí. 
 
Posteriormente, se plantea dedicar un buen rato a tareas que no requieren de especial creatividad o inspiración, pero que requieren de una gran dosis de Fuerza de Voluntad: enviar esos correosos e-mails que hace tiempo que esperan, escribir esos informes o presupuestos tediosos, etc. Si decidimos postergar estas tareas, es muy probable que no las acabemos haciendo, ya que más adelante en el día careceremos de una fuerza de voluntad mínima para afrontarlas.
 
Una vez finalizadas estas tareas, más o menos al final de la mañana, nuestra motivación se refuerza pero habremos gastado una dosis importante de nuestra fuerza de voluntad, por lo que es el momento óptimo para un breve descanso y una "inyección de glucosa" en forma --por ejemplo-- de un café que nos repondrá un poco de esa dosis gastada.
 
Tras este breve receso, es el momento para las tareas más sencillas y monótonas, aunque sean de responsabilidad, ya que en este periodo todavía conservamos algo de voluntad y motivación pero todavía no viene la inspiración. Intercalar algunos breves ratos para procrastinar en compañía (para que haya un refuerzo grupal para regresar a las tareas) puede ayudar a ir reforzando la motivación.
 
Tras la pausa necesaria del almuerzo, volvemos a elevar nuestro nivel de glucosa y nos relajamos, pero una vuelta súbita al trabajo podría resultar letal tanto para la motivación como para la fuerza de voluntad, así que puede ser justo tras la hora de la comida que nos dediquemos a aquellas tareas más dinámicas que requieran salir a la calle o en general al aire libre. Si no es el caso, dedicar un rato a un paseo puede ser equivalente. En este punto puede haber alguien que se eche las manos a la cabeza y vea este paseo como un acto de holgazanería inconcebible, una absurda pérdida de tiempo valioso durante la jornada laboral. 

Nada más lejos de la realidad. Una de las creencias erróneas más clásica en Productividad es considerar el tiempo como algo monótono y lineal. Que si dedicamos el doble de horas, produciremos el doble, etc. Este paseo será una preparación para la porción más productiva si cabe del día, una inyección final de motivación, inspiración y fuerza de voluntad para afrontar la fase final de la jornada. 
 
Es por eso que al volver al trabajo y tras otro providencial café (o inyección de azúcar equivalente) debemos aprovechar para liquidar las últimas tareas que requieran responsabilidad, o que sean tediosas. Una buena opción es administrar las posibles respuestas de los mensajes que enviamos al principio de la mañana. Después, nuestra fuerza de voluntad ya empieza a flaquear pero ésto es compensado por una motivación revivida si hemos conseguido ya ver los primeros réditos de nuestras tareas completadas durante el día. Es el momento de concentrarse en aquellas tareas más inspiracionales, ya que ahora nuestro cerebro ha consumido suficiente información y está "en forma" para empezar a dar respuestas creativas.

Finalmente, si todo ha ido razonablemente bien, podemos darnos una pequeña recompensa con un último instante de procrastinación, de dedicarnos a aquellas naderías que nos producen una frívola satisfacción y que no requieren de una especial fuerza de voluntad o implican una alta responsabilidad.
 
Obviamente, ésta es solamente una de las múltiples propuestas posibles, y es probable que tus pautas de conducta en tu jornada laboral sean muy similares a la aquí propuesta.
 
Te invito a que la adaptes a tus necesidades particulares teniendo en cuenta el fondo de la cuestión y la pongas en práctica. No harás que desaparezca la procrastinación pero ésta se convertirá en un actor más del día, y sus efectos serán casi inocuos, cuando no aliados de tus objetivos.
 

 

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